Urbanismo lúdico y economía automatizada

Un reconocido antecedente del urbanismo unitario, el Formulario para un nuevo urbanismo de Ivan Chtcheglov (informe a la Internacional Letrista, 1953) describe una ciudad poblada de “fantasmas armados con todo el prestigio de sus leyendas” que articulan el tiempo y el espacio. Modulan la realidad dando lugar a un “paisaje cerrado […] organizado en torno a la producción y el confort” que, en lugar de liberar a la humanidad de las inquietudes materiales, se ha convertido en una “imagen obsesiva.” Seguir leyendo

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Capitalismo y ocio (Políticas del dandi en Baudelaire y Morris)

Cuando Baudelaire define el dandismo en El pintor de la vida moderna, alude a un antiguo modelo aristocrático de actitud artística y ociosa: “una institución muy antigua, puesto que César, Catilina, Alcibíades nos proporcionan brillantes ejemplos” y los autores que la han tratado “se han esforzado ante todo, muy atinadamente, de dotar a sus personajes de fortunas lo suficientemente vastas como para pagar sin vacilación todas sus fantasías”, aunque no sea ni mucho menos la ocupación del dandi “aspirar al dinero como algo esencial y un gusto desmesurado por el atuendo y la elegancia material” (Baudelaire, 1995: 113-114). Seguir leyendo

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Hegemonía y la dialéctica del señor y el siervo

“Hegemonía” proviene de ἡγέομαι: “conducir”, “guíar”, “ser jefe”. Como concepto de la filosofía política moderna, el término se ha empleado para significar la dirección intelectual y moral de un grupo sobre el conjunto social. Para Plejanov y Stalin, la hegemonía era una táctica adoptada por el proletariado durante la revolución democrático-burguesa rusa de 1905 para obtener el apoyo de algunos sectores de la burguesía y del campesinado en la lucha contra el zarismo. Mao Zedong la define como el dominio de las naciones opresoras sobre las oprimidas, también en el sentido de la dependencia cultural y tecnológica (Anderson, 1976, 1977; Guerratana, 1995). Gramsci (1975) entiende por grupo hegemónico el que obtiene el reconocimiento general de su condición dirigente en determinado momento histórico, el asentimiento sobre la racionalidad de sus pretensiones. La hegemonía, por ello, depende del nivel de sistematicidad y coherencia de su discurso, de su impulso de universalización o su capacidad de integrar diferentes perspectivas -o concepciones del mundo y de la vida- particulares. Seguir leyendo

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Arte y antifascismo en Italia

Cuando el fascismo toma el poder en Italia en 1922, ya contaba con una amplia base intelectual que incluía gran parte de la escena artística nacional. Al conocido caso de los futuristas —poco influyentes a partir de entonces— pueden sumarse exponentes de la Pittura Metafisica como Sironi o Carrà, la abstracción lombarda y toscana, Novecento, las revistas Valori Plastici, Casabella, la mayor parte de la crítica de arte… Esta constelación, afín al Régimen en distintos grados, buscaba inspiración en las difusas categorías nacionalistas de “italianidad”, “romanidad” o “mediterraneidad” que, por una parte promovían un arte “popular” de masas y por otra entroncaban la cultura italiana con los fundamentos de la civilización occidental mediante la idea de de lo clásico. Seguir leyendo

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Gramsci, De Martino y el debate sobre marxismo y cultura popular en Italia en los años cuarenta y cincuenta (extracto)

La cultura politizada de masas de posguerra, el impacto de la obra de Gramsci y la influencia de la cultura soviética llevaron a muchos autores de la órbita de la izquierda italiana de posguerra a repensar el estatus del intelectual y del artista moderno, hasta ahora concebido según el modelo de las vanguardias y el croceanismo, y a preguntarse si era posible una genuina expresión cultural colectiva de las clases subalternas. Para Alberto Cirese, la cuestión se planteaba del siguiente modo: Seguir leyendo

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Del futurismo al suprematismo

Malevich[1] define el arte como la habilidad de construir “sobre la base del peso, la velocidad y la dirección del movimiento.”. Los objetos son el estado momentáneo de “una masa de movimientos en el tiempo”[2] y cualquier imagen fija es constitutivamente inestable. Lo permanente es el movimiento activo “que, mediante una multiplicación, genera nuevas formas.”[3]

Entre los antecedentes de esta concepción del arte se encuentra la pangeometría del matemático Nikolai Lobachevsky (1792-1856), muy influyente en la vanguardia prerrevolucionaria rusa —en especial la Unión de Jóvenes de San Petersburgo, de la que Malevich formaba parte.[4] Lobachevsky había postulado que la geometría no se refería al espacio sino a las extensiones en movimiento. El espacio resultaba de la formalización de las relaciones entre extensiones y el tiempo era una creación artificial derivada de la experiencia de su continuo dinamismo. Seguir leyendo

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